
Cuando Natalia Lafourcade nació artísticamente, los primeros lugares de ventas de música los tenían conjuntos juveniles que hacían coreografías y playback con baladas pop. Esas agrupaciones perdieron frescura, desaparecieron en la reiteración de su sonido. Hoy que algunos buscan arañar minutos extras de efímera fama a través de reencuentros que venden nostalgias, Natalia tiene en sus manos un disco nuevo, testimonio de su vigencia, pues aunque confiesa que se ha sentido creativamente estancada en algunos momentos, se ha despojado de prejuicios y ha vuelto al estudio de grabación con un puñado de temas nuevos.
Ha llegado el momento de reinventarse e incluso de hacer las paces consigo misma, con los temas que marcaron el inicio de su carrera y que fue dejando atrás en aras de experimentar musicalmente y asumir riesgos como grabar un proyecto netamente instrumental (Las 4 estaciones del amor) o empeñar años de trabajo en un disco homenaje a Agustín Lara, fallecido hace casi 45 años.
“Detrás de cada riesgo que he tomado —dice— hay un motor fuerte que es mostrarme a mí misma que sí se puede. Me gusta mucho descolocarme de mi área de confort. Siento que fuera de la comodidad es donde uno puede evolucionar y crecer, encontrar cosas valiosas y diferentes”.
Natalia asegura que siempre ha confiado mucho en sus corazonadas y en lo que siente que es el camino ideal para su rumbo musical. Por eso, antes de mostrarle sus composiciones a la disquera, ha sometido sus temas a pruebas que implican grabar cada uno sin grandes arreglos y con el mínimo de recursos. “Yo misma me impuse la regla de no grabar nada más que mi voz y mi guitarra; si tolero escuchar varias veces la canción con sólo esos dos recursos entonces es una buena canción. Y si en la disquera reaccionan bien a ello, quiere decir que tengo algo con contenido”.
A inicios de la década pasada, el reto para la artista era encontrar buenas canciones y grabar un álbum suficientemente sólido para empezar su carrera solista. “Quería hacer un disco con contenido de la primera canción a la última fuera, un disco del que mínimo pudiera decir ‘esto sí es mío y esto sí soy yo’. Trabajé mucho, tuve larguísimas sesiones de composición en las que hacía cosas que no me gustaban, que me parecían horribles, superficiales. Y había momentos en los que mágicamente tenía una canción y después otra”.
CÓMO HEMOS CAMBIADO
En el estribillo de uno de los sencillos del primer disco de Natalia Lafourcade (el cual lleva su nombre) se escucha, la frase “Mírame, mírate. Cómo hemos cambiado”. Trece años después le pregunto si se reconoce en aquella joven, en aquellas letras, y si ese “cómo hemos cambiado” retoma fuerza hoy.
“Cuando miro esa época me percibo honesta con mi edad, con las cosas que quería decir, con cómo veía el mundo y cómo quería expresarme acerca de lo que vivía. Por supuesto que a través de los años ha habido cambios muy fuertes entre la música que hacía al principio y la que hago ahora. De hecho tuve un periodo en el que estuve muy en disgusto con todo lo que hice en mi primer y segundo disco; no me gustaba mucho tocar mis propias canciones; estaba como muy peleada con esa época.
“Uno se enfrenta a momentos en los que existen muchos prejuicios, en los que dices: la música que yo hago no es esta canción tan simple, yo soy algo más. Creo que quería demostrarme a mí misma que podía hacer algo mucho mejor. Vinieron muchos experimentos en mi carrera, pruebas que me permití hacer para encontrar esa satisfacción y convencerme de que sí soy capaz. Ahora he superado esa barrera, ya no me molesta cantar esos temas. Valoro la identificación de la gente con esas canciones, puedo darle a todas su lugar y sentirme tranquila con cada momento de mi carrera”.
Natalia no tiene duda de que la noche del 15 de septiembre del 2010, durante aquel concierto público con Ely Guerra, Lo Blondo y Alondra de la Parra, para festejar el bicentenario de la Independencia de México, su carrera tomó un nuevo rumbo. “Ese concierto fue un parteaguas, porque esa noche me dije: soy cantante, soy músico y soy mexicana. Aquello me hizo convencerme de que soy una artista que quiere componer para la gente de México. Luego, si me voy, si viajo a otros lugares y crezco en otros países será increíble, pero yo quiero componer para la gente de mi país antes que nada”.
Para ese momento, ella no quería intentar un nuevo disco inédito con canciones de su autoría, pues sentía que empezaba a repetirse: “Me sentía estancada creativamente. No sabía cómo componer, cómo hablar de lo que sentía; no sabía cómo encarar la posibilidad de volver a hacer un disco y menos un disco personal.
“Empecé a hacer proyectos que me acercaron mucho con mi raíz. Proyectos como el disco Travieso carmesí, con Alondra de la Parra, me hicieron ver que había otras cosas, que engancharme con otro compositor que yo pudiera reinventar o renovar me haría crecer como compositora, evolucionar y hacer algo distinto a lo que venía intentando. Eso no podía hacerlo yo sola”.
Así surgió la oportunidad de hacer un álbum homenaje a Agustín Lara y actualizar sus composiciones. “Cantar a Agustín Lara está cabrón —admite—. No es tan fácil. Hay que entenderlo y permitirse conectar con sus letras, con lo que dice. Hacer y terminar el disco fue un reto. Al final, esas letras me hicieron decir ‘bueno, ahora no puedo escribir cualquier cosa’”.
UN TREN EN MOVIMIENTO
Tras seis años sin una producción que incluyera temas propios, Natalia decidió que era momento de volver con un disco en el que la principal ambición no fuese sacudir la historia de la música o mostrar ritmos nunca escuchados. Le pregunto si en algún momento se ha sentido tentada a aceptar alguna impostura o a ceder creativamente para gustar. Aunque confiesa que en ciertos momentos de s trayectoria sí buscó que su sonido y su estilo tuvieran similitudes con otros que la influyeron musicalmente, en el trabajo diario se exige para no hacer algo similar a lo que ya suena: “Yo sé, de entrada, que hay gente a la que le gustará mi disco y gente a la que no le va a gustar. Mi meta es: me tiene que gustar a mí; tiene que ser algo que yo compraría y que sienta que vale la pena”. Y resume: “Lo que yo quería era conectar conmigo, volver a ser compositora […] me di cuenta que lo que mas amo es subirme al escenario y cantar para la gente”.
Por eso cuando le pregunto dónde está su horizonte artístico y qué ambiciona, por ahora, Natalia habla de tocar, de dar conciertos. “Hay muchas otras cosas que me gustaría hacer: experimentar en la actuación, experimentar en la danza, en la pintura; todas son cosas que me inquietan, lo mismo que hacer música para cine, estudiar arreglo, darme un tiempo de mi vida para viajar y conocer otros lugares. Pero hoy en mi horizonte está vivir un ciclo con este disco. No tengo más ambición por ahora. Esto es bastante y mi proyecto ya me demanda muchísimo; el 80% de mis días lo dedico a ello”.
Inmersa en el mundo de la música desde antes de los 18 años, componiendo, grabando, haciendo presentaciones e incluso como productora de otros artistas, es difícil no ver a Natalia Lafourcade como uno de esos malabaristas chinos que van corriendo de palo a palo para que no se le caigan los platos, pues como ella misma reconoce, aunque este oficio parezca algo tan simple como música y canciones, hay mucha gente y muchos intereses alrededor de ello.
“Me siento como en un tren. Un tren que está andando y no va a parar, esa es la sensación. Está moviéndose y aunque te dices que estás cansado y quieres que todo se detenga para poder pensar; el tren no para. La decisión que sí puedes tomar es tomar una siesta dentro de este tren en movimiento. Es música, pero son cientos de cosas sucediendo al mismo tiempo a un ritmo muy acelerado, muy intenso. La paga son esos momentos en el escenario y el estudio de grabación, que es el momento más placentero”.
LA COHERENCIA COMO APORTACIÓN
Aunque en 2012 estuvo cerca del movimiento de jóvenes #Yosoy132, para quienes escribió la canción “Un derecho de nacimiento”, en general, la línea muy clara entre el trabajo musical de Natalia y sus causas es muy claro, aunque admite que le resulta difícil como artista y como ciudadana no ceder y responder impulsivamente a lo que le indigna.
“Es muy frustrante ver las cosas que están sucediendo. Como todos, yo también me frustro. Como muchos, yo también lamento el momento que vivimos. Y como muchos me siento impotente al no poder solucionarlo. Es muy difícil cuando te das cuenta que eres una persona pública, que la gente escucha lo que dices y que algunos incluso ven en tus pasos un ejemplo, están pendientes de lo que haces y cómo reaccionas. Eso me genera mucha inquietud y me siento muy joven aún para saber cómo involucrarme en asuntos de tal magnitud y dificultad.
“Soy muy afortunada de hacer lo que hago y de que otras personas se sientan inspiradas por lo que hago. Eso me hace tener un compromiso mayor con lo que digo. Mi conclusión es: me encantaría dar algo más, pero lo más que puedo dar ahora es mi música, mis canciones, mis letras, mi coherencia. Estoy pendiente, informándome, viendo las cosas que pasan y me afectan como a todos, pero no me siento lista para colgarme un letrero y señalar políticamente a nadie. No quiere decir que en algún momento no entienda de qué manera me toca colaborar y participar más profundamente; pero hasta ahora la mejor manera en que puedo hacerlo es haciendo lo que hago y siendo coherente con mi discurso”.
Transcurren las últimas semanas de marzo y los temas del nuevo disco de Natalia comienzan a escucharse a través de diferentes plataformas. Es un trabajo que le ha llevado muchísimos meses construir y que en varias de sus piezas vuelve a la sencillez de sus primeros años, pero con muchas más influencias encima y periodos exploración musical. No le pido que me explique por qué comprarlo; más bien le propongo que lo ponga en manos de alguien muy querido y le cuente lo que hay en él. “Este es un disco que a mí me hizo un abrigo en un momento difícil y que me sanó. Es un disco que me hizo salir adelante, tener un motivo para poder trabajar otra vez. Es una buena compañía para esas experiencias. Tengo la esperanza de que sea un alivio y algo que la gente disfrute escuchar; es un pedazo de mí y lo que me inspira. Mi corazón está ahí metido”.
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