Y a ustedes… ¿Ya les dieron amor?

Así, explicó la presidenta el mayor logro de su movimiento haber convertido el amor en política pública. Y no se refería a darle manga ancha a familiares y amigos de hacer negocios millonarios al amparo de Palacio Nacional, sino al creciente catálogo de programas para el bienestar –entre los cuales algunos tienen un efecto redistributivo positivo–, pero también a la costosa red de transferencias monetarias, condicionadas a nada, pero que sí generan una alta dependencia que se traduce en votos al benefactor que las da.

El diputado de Morena Sergio Gutiérrez Luna rebatió públicamente la idea de los ciudadanos pagamos esas ayudas pues han sido Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum y la mayoría morenista del Congreso quienes han decidido destinar un billón de pesos directamente a 43 millones de mexicanos y a ellos hay que agradecerles.

Como lo explica Valeria Moy, directora del IMCO, cada transferencia monetaria es, en algún sentido, una confesión del fracaso de otra política pública que no funciona. El amor, en la retórica presidencial, aparece precisamente donde falló la economía: en la vejez sin pensión suficiente, en el joven sin empleo, en el campesino que no tiene acceso al crédito, o en las madres que no tienen guarderías que les permitan delegar en cierta medida sus labores de cuidado.

Si no hay diseño de políticas públicas que resuelvan problemas, si no hay inversión, si no hay crecimiento, año con año crecerán los programas en número y en beneficiarios. En la lógica de la cúpula morenista a la que pertenece Gutiérrez Luna, la gente agradecerá con sus votos. El problema para el futuro será asegurar su continuidad ante lo apretado del gasto público, las obligaciones crecientes del gobierno, la recaudación cada vez menor y el débil crecimiento de la economía. Y ya sabemos que cuando el dinero falta, el amor sale por la ventana.

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