Pie de foto: La esperada mañanera

Dos años después de la captura de Ismael «El Mayo» Zambada, la conferencia presidencial de hoy, lejos de cumplir la promesa de arrojar luz sobre los hechos, se convirtió en un ejercicio de elusión. Aunque la Presidenta Claudia Sheinbaum había anticipado un informe detallado para esclarecer las presuntas contradicciones entre las versiones oficiales de Estados Unidos y los datos que apuntarían a la participación de agentes del FBI, lo que se vio en el podio fue una reiteración de la misma narrativa: la responsabilidad de la explicación sigue recayendo enteramente sobre Washington. Este anuncio, que llega después de dos años de silencios y medias tintas, se siente menos como una revelación y más como un episodio más en la larga saga de opacidad oficial.

Esta decisión de no presentar pruebas contundentes y de mantener la pelota en la cancha estadounidense adquiere un tinte político aún más cínico al considerar el contexto revelado por el exembajador Ken Salazar. En su reciente libro, Salazar expuso la profunda inquietud del expresidente López Obrador ante las posibles revelaciones que Zambada podría hacer sobre nexos entre el narcotráfico y su administración. Al sugerir que es Estados Unidos quien pacta con criminales, la actual administración intenta neutralizar las acusaciones de colusión que la acosan, desviando la atención de las propias sombras del pasado. Así, el informe que se esperaba fuera un acto de contrición y verdad se transforma en un arma arrojadiza en una guerra de narrativas, dejando a todos esperando, un día más, una verdad que no llega.

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