PIE DE FOTO: Rayuela

La Jornada asegura que desde su fundación el diario se propuso «no hacer campañas» ni a favor ni en contra. La frase sería impecable si no fuera porque desde hace más de una década el periódico da la impresión de que su línea editorial se escribe para complacer a una pandilla política. La coincidencia sistemática entre sus portadas, editoriales, columnas y moneros con el discurso de Andrés Manuel López Obrador y de los gobiernos de Morena rezuman todo, menos neutralidad. Sus páginas suelen cerrar filas con el oficialismo mientras apuntan su artillería de insidia y descalificación para opositores, críticos y voces disidentes. Más que un recordatorio de sus principios fundacionales, la Rayuela termina funcionando como un ejercicio involuntario de humor: hay promesas editoriales que envejecen peor que los periódicos que las imprimen.

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