
Ante la ausencia de un liderazgo político capaz de convocar, inspirar o resolver los grandes pendientes, es recurrente que las esperanzas colectivas sean depositadas en los pocos espacios capaces de generar alegría compartida. Por eso resulta revelador que el propio director técnico de la Selección Mexicana tuviera que recordar los límites de esa expectativa: «No podemos cargarnos cosas que no nos corresponden… seguimos haciendo lo que nos corresponde hacer: jugar al futbol. No podemos solucionar otros problemas». El problema no está en la cancha y las soluciones que el país necesita no se atenúan llevando un pato vestido de futbolista a las conferencias presidenciales y haciendo mirar a todos a otro lado cuando el momento apremia.
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