Pie de foto: Bañagatos y pedroferrices

La polémica desatada por una vieja entrevista en la que Carlos Monsiváis supuestamente tachó a Andrés Manuel López Obrador de «loco» y de tener «desmedidos sueños de grandeza» se ha convertido en un espectáculo lamentable donde los defensores del ex presidente y sus detractores, los «bañagatos a sueldo de Palacio Nacional» y los «pedrosferrices» de la crítica opositora, repiten consignas sin importarles la ética ni la verdad, sino únicamente dañar al enemigo de turno. Ésta es lógica tribal que reduce el debate público a una guerra de bandos donde lo que Monsiváis dijo o dejó de decir es secundario frente a la utilidad política que sus palabras puedan tener para atacar o defender a una figura.

Lo que debería importar la crítica a la concentración del poder, al debilitamiento de las instituciones y a la construcción de un proyecto personalista que, con el tiempo, se ha convertido en el sello del lopezobradorismo. La demolición de las instituciones del país, esa sí, es una herencia que trasciende cualquier opinión personal y que merece un debate serio, no el intercambio de descalificaciones entre quienes se disputan el cadáver político de un movimiento.

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