pie de página: Solicitud diplomática

México tiene un talento extraordinario para convertir lo improbable en noticia cotidiana. A principios de año, mientras el país enfrentaba desafíos tan complejos como la violencia criminal, la crisis migratoria, las presiones presupuestales y los conflictos comerciales con Estados Unidos, la presidenta Claudia Sheinbaum sorprendió al plantear la posibilidad de enviar una carta al presidente de Corea para solicitar más fechas de BTS en México ante la desesperación de miles de fanáticas y el abuso de los revendedores.

La anécdota habría quedado como una simple ocurrencia política si no fuera porque, en el universo paralelo del humor involuntario que suele acompañar a la vida pública mexicana, muchos imaginaron el desenlace perfecto: que la misiva terminara sobre el escritorio equivocado, en Pyongyang, obligando a Kim Jong-un a interrumpir una reunión de seguridad nacional para preguntar quién demonios es BTS y por qué la presidenta de México le exige organizar una gira mundial. La escena resume una virtud y un defecto nacionales al mismo tiempo: la capacidad de encontrar ligereza en medio de la tormenta, pero también la tentación de que la agenda pública se distraiga con episodios pintorescos cuando los asuntos verdaderamente urgentes siguen esperando atención. Porque si algo distingue a México es que, incluso cuando intenta hablar de geopolítica, a veces termina produciendo una comedia involuntaria digna del realismo mágico.

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